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El parque residencial español mantiene un importante déficit en materia de eficiencia. El 94,2% de las viviendas del país tendría una calificación de consumo energético situada entre las letras D y G. El dato refleja la magnitud del desafío al que se enfrenta el sector de la construcción durante los próximos años.

La estimación procede del informe Estado de la eficiencia energética en España 2026, elaborado por Accumin Intelligence. El análisis utiliza como punto de partida los certificados de eficiencia energética registrados por las comunidades autónomas y comunicados al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

El mercado también muestra un crecimiento de la actividad vinculada a las mejoras energéticas. Durante 2025 se registraron más de 1,3 millones de certificados energéticos, un 3% más que en el ejercicio anterior. Es el volumen más elevado desde 2013.

El cambio más significativo está en el origen de estas certificaciones. El 45% estuvo relacionado con reformas energéticas. Entre 2016 y 2019, este porcentaje se situaba de media en el 19%.

Un parque residencial marcado por la baja eficiencia

La información disponible todavía ofrece una imagen parcial del conjunto de viviendas españolas. Solo el 39% cuenta actualmente con un certificado energético registrado. Para obtener una estimación de la situación global, el estudio aplica una modelización estadística sobre los datos existentes.

Entre las viviendas que sí tienen certificado, el 92,5% presenta una calificación de consumo energético comprendida entre D y G. Al incorporar estadísticamente los inmuebles que todavía no disponen de certificación registrada, el porcentaje aumenta hasta el 94,2% del parque residencial.

La antigüedad de los edificios aparece como uno de los principales factores que explican estos resultados. Buena parte de las viviendas españolas se construyeron antes de que comenzaran a aplicarse requisitos específicos de eficiencia energética.

La obra nueva tiene una incidencia limitada sobre el conjunto. Representa alrededor del 4% del parque y, al estar sometida a estándares energéticos más exigentes, presenta una realidad diferente a la de buena parte de los inmuebles existentes.

Madrid lidera la cobertura de certificación

La implantación de los certificados tampoco es homogénea desde el punto de vista territorial. Madrid encabeza la cobertura, con un 69% de las viviendas certificadas. A continuación aparecen Navarra, con un 58%; Barcelona, con un 55,3%; y Málaga, con un 51,8%.

Las diferencias son todavía más acusadas cuando se analiza la tipología de los inmuebles. El 51,6% de las viviendas plurifamiliares cuenta con certificado registrado. En las viviendas unifamiliares, la proporción baja hasta el 17,5%.

Esta desigual cobertura condiciona el conocimiento preciso de las prestaciones energéticas del parque. También explica la necesidad de recurrir a modelos estadísticos para aproximarse a la situación de aquellas viviendas que todavía no han sido certificadas.

Las reformas ofrecen mayor impacto en las viviendas unifamiliares

Los certificados permiten analizar también el efecto de las actuaciones de rehabilitación. Los resultados muestran diferencias relevantes entre viviendas unifamiliares y plurifamiliares.

En las primeras, las intervenciones estudiadas consiguen normalmente reducciones del consumo de entre el 25% y el 75%. Estas mejoras suelen traducirse en un avance de entre una y dos letras dentro de la escala de calificación energética.

El resultado es más moderado en los edificios plurifamiliares. En estos casos, las reducciones de consumo oscilan entre el 10% y el 50%. Además, la mejora obtenida no siempre resulta suficiente para conseguir un cambio de letra en el certificado.

Una de las dificultades está relacionada con las actuaciones sobre elementos comunes. Las intervenciones integrales en fachadas y cubiertas comunitarias plantean mayores condicionantes.

Cristina Arias, Head of research de Accumin Intelligence, señala además el papel de la envolvente del edificio. Las viviendas unifamiliares tienen una mayor superficie expuesta. Por ello, las actuaciones pueden ofrecer un potencial superior para reducir las pérdidas térmicas.

España necesita elevar el ritmo de rehabilitación hasta 2030

El desafío no se limita a mejorar la calificación de los inmuebles. El país debe reducir en 26.394 GWh el consumo de energía final residencial hasta 2030 para avanzar hacia los objetivos previstos.

Cumplir esa meta exigiría intervenir en un volumen considerable de viviendas durante los próximos cuatro años. El informe calcula que sería necesario rehabilitar la envolvente térmica de 1,2 millones de viviendas.

A esta actuación habría que sumar la sustitución de 3,5 millones de sistemas de calefacción y agua caliente sanitaria.

El esfuerzo implica aumentar la velocidad de ejecución. Para llegar al objetivo previsto para 2030, España tendría que multiplicar por 1,5 el ritmo de reformas registrado entre 2020 y 2025.

Incluso con esta aceleración, el estudio considera que el parque residencial español seguiría siendo mayoritariamente ineficiente. El cumplimiento del objetivo a corto plazo, por tanto, no resolvería por sí solo el déficit energético acumulado en los edificios existentes.

Multiplicar por diez el ritmo para acercarse al objetivo de 2050

La escala del desafío aumenta cuando el horizonte temporal se extiende. La modelización plantea distintos escenarios en función de la intensidad de las actuaciones.

Alcanzar un nivel intermedio de eficiencia requeriría multiplicar por cinco el actual ritmo de rehabilitación energética. El esfuerzo tendría que ser todavía mayor para transformar de forma sustancial el parque residencial.

Aproximarse a un escenario en el que la mayoría de las viviendas sean eficientes de cara a 2050 exigiría multiplicar por diez el ritmo actual.

Las cifras muestran la distancia existente entre el comportamiento energético del parque actual y los niveles de eficiencia planteados para las próximas décadas. Al mismo tiempo, el incremento de los certificados asociados a reformas registrado durante 2025 evidencia un aumento de la actividad relacionada con la mejora energética de los inmuebles.

El desarrollo de estas actuaciones tendrá que encuadrarse en la evolución de la Estrategia para la Rehabilitación Energética en el Sector de la Edificación en España (Eresee) y en el previsto Plan nacional de renovación de edificios (Pnre 2026). Ambos instrumentos forman parte del escenario en el que deberá abordarse la transformación energética del parque residencial español durante los próximos años.