La vivienda compacta ha dejado de entenderse como una limitación. En el mercado residencial de alta gama, los espacios reducidos se han convertido en escenarios donde arquitectura, interiorismo y diseño deben convivir con precisión. Bajo esta idea trabaja Teleno Studio en la reforma integral de un apartamento situado en un edificio del siglo XIX en el centro de Madrid.
El proyecto transforma una vivienda de apenas 50 metros cuadrados en un espacio sofisticado y sensorial. La intervención se apoya en la luz, la materialidad y una distribución abierta que elimina barreras visuales. El resultado es una propuesta donde cada decisión responde a una lógica espacial y estética muy concreta.
Una reforma marcada por la complejidad estructural
La vivienda original presentaba una distribución muy fragmentada. A ello se sumaba el deterioro de parte de la estructura de madera del inmueble, lo que obligó al estudio a intervenir tanto en el forjado como en algunos muros de carga.
A partir de esa situación inicial, Teleno Studio reorganizó completamente el interior del apartamento. La nueva distribución apuesta por espacios conectados y recorridos fluidos. Cocina, comedor, salón y almacenamiento comparten ahora una misma continuidad visual.
La reforma también recupera la altura original de los techos, que alcanzan los tres metros. Esta decisión mejora la proporción del espacio y amplía la capacidad de almacenaje sin sobrecargar visualmente la vivienda.
El proyecto elimina elementos decorativos innecesarios y concentra la expresividad en los materiales y en el tratamiento de la luz. La vivienda transmite una sensación de calma y recogimiento, pero sin renunciar a una identidad muy marcada.
Un volumen central organiza toda la vivienda
La intervención gira alrededor de un único gesto arquitectónico. Un volumen revestido en madera de roble concentra el dormitorio y el baño en suite. Este elemento actúa como núcleo organizador del apartamento y libera el perímetro para las zonas comunes.
El “cubo” central permite ordenar la vivienda sin necesidad de levantar múltiples divisiones. La solución favorece una percepción más amplia del espacio y mejora la circulación interior.
El dormitorio permanece oculto tras una gran puerta corredera de roble, reforzando la privacidad y la continuidad estética de la vivienda. En esta zona predominan las texturas suaves y los tonos oscuros, en línea con el resto del proyecto.
Las mesillas de piedra caliza perforada, diseñadas por el propio estudio, continúan el lenguaje material del apartamento. También destacan los detalles en azul presentes tanto en la mesa del comedor como en textiles y cabecero.
La cocina se convierte en el eje social de la casa
Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es la importancia concedida a la cocina. Lejos de funcionar como una estancia secundaria, este espacio se plantea como el verdadero centro social de la vivienda.
La cocina adopta la forma de un gran volumen de madera oscura de suelo a techo. En su parte central aparece un hueco revestido en mármol emperador que aporta profundidad y contraste.
Detrás del sofá, un mueble de piedra oculta el menaje y funciona al mismo tiempo como barra de apoyo para encuentros informales. La distribución favorece una convivencia flexible entre cocina, conversación y descanso.
Esta forma de organizar la vivienda responde a las nuevas dinámicas domésticas, donde cocinar y socializar forman parte de una misma experiencia.
La luz y los materiales construyen la atmósfera
El proyecto encuentra gran parte de su identidad en el tratamiento de la iluminación. En lugar de potenciar una luz uniforme, Teleno Studio apuesta por una atmósfera más tenue y envolvente.
La entrada de luz natural se filtra a través de cortinas de lino. Los textiles en tonos verde oliva intensifican la sensación de intimidad y ayudan a crear un ambiente introspectivo.
Los espejos de suelo a techo multiplican reflejos y amplían las perspectivas interiores. A ello se suma una paleta cromática basada en tonos profundos y desaturados que absorben la luz en lugar de reflejarla.
Materiales como terciopelo, cerámica esmaltada, madera oscura y lacados satinados refuerzan la personalidad del apartamento. El baño en suite mantiene esa misma lógica material con un lavabo de mármol travertino rojo integrado en un espejo frontal.
En contraste con las superficies oscuras, el brillo del acero en la grifería y los reflejos del microcemento metalizado aportan pequeños puntos de luz al espacio.
Diseño italiano, piezas vintage y referencias artísticas
La vivienda incorpora además una cuidada selección de mobiliario y objetos decorativos de diferentes procedencias. El proyecto mezcla piezas vintage, diseño italiano y artesanía japonesa dentro de una narrativa coherente.
Entre los elementos más destacados aparecen cerámicas adquiridas en Kioto y Osaka, así como un florero firmado por el actor y artista Jean Marais en los años sesenta.
También sobresalen las luminarias italianas de las décadas de los setenta y ochenta, junto a la lámpara Akari de Isamu Noguchi situada sobre el comedor.
La mesa de centro, diseñada por Floris Fiedeldij para Armeta, combina acero lacado y pizarra. En el salón, una obra de gran formato de la artista Chus García Fraile refuerza el carácter artístico del apartamento.
El resultado final es una vivienda donde materiales nobles, arte y arquitectura conviven en equilibrio. Un espacio compacto que apuesta por la sofisticación silenciosa y por una experiencia doméstica cuidadosamente construida.